
Al revisar la obra del artista Shaun Gladwell, se puede entender su fascinación por el video – art, trabajo que ha desempeñado en más de una ocasión, creando videos digitales a partir de juegos cotidianos totalmente urbanos que siempre han llamado la atención. Patinaje, grafitti, bicicross –juegos, hobbies o estilo de vida- en donde Glaudwell se apoya a la hora de crear un discurso visual, usando este registro de las culturas sub urbanas para mostrar como ellas se expanden más allá de una función de ocupar el espacio público y la arquitectura como escenario. Dentro de su obra se encuentran trabajos visuales como “Godspedd Verticales” o “Storm Sequence », que tienen este mismo registro visual de instalación – video digital en pantallas duales, en donde un motorista y un skater, respectivamente, se ven envueltos en trampas visuales de tiempo y velocidad, sacando de contexto la idea de desplazamiento de estos mismos objetos dentro de la ciudad.
En “Double Voyage”, también es el mismo juego: habitación oscura, pantalla dual donde a la derecha un inválido (al parecer se trata del mismo Gladwell), muy hábil en el ejercicio de manejar el skate que con ayuda de sus manos, recorre un sitio casi sin iluminación, intercalándose con imágenes del mismo inválido en un sitio totalmente iluminado. La primera imagen es con una visión correcta, la segunda está invertida. A la izquierda cambia el panorama, esta vez la proyección muestra un lugar que pareciera ser un cabaret, y a la derecha de la pantalla aparece una mujer negra, stripper posiblemente (que luego, investigando, descubrí que era un travesti), con actitud cansada pero sensual, que lentamente comienza a tomar los fierros instalados en el lugar, empieza a moverse para luego al ritmo de una música electrónica comenzar a danzar.
La imagen del inválido está en cámara lenta, la de la bailarina en tiempo real.
La comparación podría parecer brutal; un inválido y una guapisima y exhuberante mujer, un inválido puede parecerse a un “descartado”, a alguien no bien recibido, despreciado al contrario de una bailarina de stripper; codiciada, inalcanzable, deseada, sin embargo tanto la bailarina como el inválido, tienen y demuestran en igual proporción su manejo con el oficio. Ambos tienen destreza y control absoluto de sus movimientos, logrando dejar en claro que aunque el inválido no tenga las piernas con las cuales la bailarina se desplaza, pareciera ser que ni siquiera las necesita volviéndose tanto o más atractivo que la mujer.
Si me pongo en el caso de que efectivamente sea un travesti y no una mujer, entonces la cosa cambia. Son dos personas del mismo sexo, dos hombres que anatómicamente son iguales, con la única diferencia que uno tiene piernas y el otro no. Que uno es inválido y el otro no. Que uno es travesti y el otro no. Que uno es objeto sexual, y el otro no. Aquí es donde la comparación podría parecer entonces un poco cruel, si es que de comparaciones se tratara.
En el fondo al travesti se le está admirando por su belleza y al inválido por su destreza.
Más allá del video en si, que como imagen es atractiva, lo más impresionate me pareció la actitud del público, específicamente del público masculino. Sentada en el rincón menos visible de la habitación me doy cuenta que absolutamente todos los hombres que han entrado al lugar, sin excepción, se sienten pudorosos al mirar con descaro la imagen de la mujer. Pienso –si yo fuera hombre, miraría a la mujer, no sólo por el hecho de ser mujer, sino por que además es tremendamente atractiva-. Pero ocurre todo lo contrario, los hombres entran, se sienten observados, de una u otra forma ellos se incomodan y dan vuelta la mirada fijándola con risa nerviosa frente al inválido.
Sin embargo todas las mujeres miran detenida y descaradamente a la bailarina, inluyéndome.
¿Será por que se está mostrando un acto “prohibido” para algunos, en forma pública?
La única diferencia la hace un niño de unos 5 años, que entra a la habitación, mira al skater y no le interesa mucho, mira hacia la bailarina y se acerca a ella, la toca, se ríe, hasta sentarse en el suelo casi tocando la muralla donde se proyecta el video, para quedarse ahí mirando sin ningún pudor, durante todo el tiempo que dura la proyección.
Por M.
En “Double Voyage”, también es el mismo juego: habitación oscura, pantalla dual donde a la derecha un inválido (al parecer se trata del mismo Gladwell), muy hábil en el ejercicio de manejar el skate que con ayuda de sus manos, recorre un sitio casi sin iluminación, intercalándose con imágenes del mismo inválido en un sitio totalmente iluminado. La primera imagen es con una visión correcta, la segunda está invertida. A la izquierda cambia el panorama, esta vez la proyección muestra un lugar que pareciera ser un cabaret, y a la derecha de la pantalla aparece una mujer negra, stripper posiblemente (que luego, investigando, descubrí que era un travesti), con actitud cansada pero sensual, que lentamente comienza a tomar los fierros instalados en el lugar, empieza a moverse para luego al ritmo de una música electrónica comenzar a danzar.
La imagen del inválido está en cámara lenta, la de la bailarina en tiempo real.
La comparación podría parecer brutal; un inválido y una guapisima y exhuberante mujer, un inválido puede parecerse a un “descartado”, a alguien no bien recibido, despreciado al contrario de una bailarina de stripper; codiciada, inalcanzable, deseada, sin embargo tanto la bailarina como el inválido, tienen y demuestran en igual proporción su manejo con el oficio. Ambos tienen destreza y control absoluto de sus movimientos, logrando dejar en claro que aunque el inválido no tenga las piernas con las cuales la bailarina se desplaza, pareciera ser que ni siquiera las necesita volviéndose tanto o más atractivo que la mujer.
Si me pongo en el caso de que efectivamente sea un travesti y no una mujer, entonces la cosa cambia. Son dos personas del mismo sexo, dos hombres que anatómicamente son iguales, con la única diferencia que uno tiene piernas y el otro no. Que uno es inválido y el otro no. Que uno es travesti y el otro no. Que uno es objeto sexual, y el otro no. Aquí es donde la comparación podría parecer entonces un poco cruel, si es que de comparaciones se tratara.
En el fondo al travesti se le está admirando por su belleza y al inválido por su destreza.
Más allá del video en si, que como imagen es atractiva, lo más impresionate me pareció la actitud del público, específicamente del público masculino. Sentada en el rincón menos visible de la habitación me doy cuenta que absolutamente todos los hombres que han entrado al lugar, sin excepción, se sienten pudorosos al mirar con descaro la imagen de la mujer. Pienso –si yo fuera hombre, miraría a la mujer, no sólo por el hecho de ser mujer, sino por que además es tremendamente atractiva-. Pero ocurre todo lo contrario, los hombres entran, se sienten observados, de una u otra forma ellos se incomodan y dan vuelta la mirada fijándola con risa nerviosa frente al inválido.
Sin embargo todas las mujeres miran detenida y descaradamente a la bailarina, inluyéndome.
¿Será por que se está mostrando un acto “prohibido” para algunos, en forma pública?
La única diferencia la hace un niño de unos 5 años, que entra a la habitación, mira al skater y no le interesa mucho, mira hacia la bailarina y se acerca a ella, la toca, se ríe, hasta sentarse en el suelo casi tocando la muralla donde se proyecta el video, para quedarse ahí mirando sin ningún pudor, durante todo el tiempo que dura la proyección.
Por M.


